El reciente recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desencadenado una nueva y peligrosa perturbación en los mercados globales de energía, centrada en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo estrecho y estratégico que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico. Este punto geográfico, vital para el comercio de hidrocarburos, se ha convertido en un eje de riesgo económico y geopolítico tras los ataques coordinados lanzados por EE.UU. e Israel contra Irán a finales de febrero de 2026.
Según análisis de agencias internacionales, aproximadamente el 20 % de todo el petróleo y gas natural licuado del mundo fluye a través de ese estrecho cada día. Su cierre o interrupción de tránsito tiene un efecto inmediato sobre la oferta energética global, con repercusiones en los mercados financieros, en las cadenas logísticas y en las estrategias de abastecimiento de países enteros.
I. El impacto en los precios del petróleo
A partir del fin de semana posterior a los ataques, los precios del crudo comenzaron a mostrar fuertes incrementos. Los futuros del petróleo Brent, que sirve como referencia internacional, subieron más de un 10 % para ubicarse alrededor de los 80 dólares por barril, el nivel más alto en meses. Operadores de mercado y analistas advierten que si la interrupción del tráfico por Ormuz persiste, los precios podrían acercarse o incluso superar los 100 USD por barril en el corto plazo.
Además de la misma oferta física, los mercados incorporan una prima de riesgo significativa: en situaciones de conflicto, incluso sin interrupciones duraderas, los traders elevan sus expectativas de precios por la posibilidad de escasez futura. Esta “prima geopolítica” se traduce en cotizaciones más altas de los futuros, mayor volatilidad y mayores costos para derivados energéticos como gasolina y diésel.
II. Disrupciones en el tránsito marítimo y respuestas del sector
La respuesta inmediata de las grandes navieras ha sido precaución: muchas suspendieron temporalmente los envíos de petróleo, productos energéticos y gas natural licuado por el estrecho, dejando decenas de tanqueros varados o fondeados fuera de la zona de riesgo. Las alertas de navegación y las advertencias de riesgo lanzadas por organizaciones marítimas y gobiernos han disuadido a los armadores de seguir transitando por una de las rutas más vulnerables del planeta.
Estos movimientos tienen efectos colaterales en el comercio marítimo más allá de los hidrocarburos. Las pólizas de seguro para rutas de alto riesgo se han encarecido, lo que eleva los costos operativos para líneas de carga y, en consecuencia, para exportadores e importadores globales. Asimismo, las decisiones de evitar Ormuz han empujado a evaluar rutas alternativas, aunque estas implican tiempos de tránsito más largos y mayores costos de flete.
III. Repercusiones globales y respuestas macroeconómicas
El alza sostenida de los precios del petróleo tiene efectos directos e indirectos en economías de todo el mundo. Para países importadores de energía, el aumento de los costos de combustible se traduce en mayores precios al consumo, presión inflacionaria y posibles cambios en las decisiones de política monetaria. En mercados financieros, los activos de riesgo han mostrado volatilidad, mientras que instrumentos como el oro aumentan su atractivo como refugio seguro.
Organizaciones como la OPEP+ anunciaron incrementos moderados en la producción planificada, buscando compensar reducciones en el suministro, pero estos aumentos son insuficientes para neutralizar una interrupción de gran magnitud en Ormuz, dado que la mayoría de esa producción adicional también depende de este corredor para su exportación.
IV. Lo que significa para Chile
En el caso de Chile, que no es un productor de petróleo significativo y depende de importaciones energéticas, el impacto es tanto directo como indirecto. El alza global de los precios del crudo se traslada rápidamente a los precios internos de combustibles y energía. Esto se traduce en mayores costos de transporte y logística para bienes y servicios, presionando la inflación interna y afectando el poder adquisitivo de consumidores y la planificación empresarial.
Además, aunque la mayor parte de las exportaciones chilenas hacia Asia utiliza rutas del Pacífico, los impactos logísticos globales —incluidos costos de fletes, seguros y tiempos de tránsito— repercuten en el cálculo de costos de exportadores e importadores. Puertos como los de Valparaíso y San Antonio han tenido que ajustar sus operativas ante cambios de itinerario y retrasos en arribos planificados.
Para los agentes de aduana, esta fase representa un desafío adicional. La variabilidad en la llegada de buques, el ajuste de planillas de carga y la necesidad de coordinar con líneas navieras y autoridades portuarias aumentan la complejidad de los procesos de despacho. La combinación de tiempos extendidos de tránsito, mayor carga administrativa y potenciales costos adicionales de almacenaje encarece las operaciones y exige mayor coordinación logística.
V. Perspectivas y riesgos futuros
La tensión geopolítica en Medio Oriente mantiene en vilo a los mercados. El principal punto de incertidumbre continúa siendo la duración y la profundidad del impacto en el Estrecho de Ormuz. Si el tránsito marítimo se restablece en los próximos días, los precios podrían encontrar cierta estabilidad. Sin embargo, una prolongación del bloqueo o un agravamiento del conflicto podría tener efectos más duraderos sobre los precios de la energía, la inflación global y las cadenas de suministro que ya mostraban fragilidades tras crisis recientes.
El conflicto actual no solo agudiza la inestabilidad geopolítica en una región históricamente sensible, sino que también expone las profundas interconexiones entre seguridad, energía y comercio global. Para economías como la chilena, estos efectos se materializan a través de costos logísticos más altos, presiones inflacionarias y un entorno económico global marcado por la incertidumbre en los meses venideros.