La llegada del BYD Changzhou al puerto de San Antonio constituye uno de los hitos más relevantes del año para la logística marítima y el comercio exterior chileno. Más allá del volumen de vehículos transportados, la recalada de esta nave refleja una transformación que ya se observa en las principales rutas marítimas del mundo: fabricantes de automóviles que integran su propia capacidad de transporte oceánico para hacer más eficiente la distribución global de vehículos de nuevas energías.
El BYD Changzhou pertenece a la categoría Pure Car and Truck Carrier (PCTC), una clase de buques diseñada exclusivamente para el transporte de automóviles, camionetas y vehículos comerciales livianos. A diferencia de un portacontenedores convencional, este tipo de nave opera bajo el sistema Roll-on/Roll-off (Ro-Ro), mediante el cual la carga ingresa y sale sobre sus propias ruedas a través de rampas, eliminando la necesidad de utilizar grúas para cada unidad y reduciendo significativamente los tiempos de operación en puerto.
Construido en 2024, el BYD Changzhou posee aproximadamente 199,9 metros de eslora, 38 metros de manga y un arqueo bruto de 69.250 GT, dimensiones que lo sitúan entre los mayores buques especializados que han recalado en puertos chilenos para este tipo de carga. Su capacidad alcanza los 7.000 CEU (Car Equivalent Unit), unidad utilizada internacionalmente para expresar la capacidad de transporte de vehículos. Esta configuración permite distribuir la carga en múltiples cubiertas interiores especialmente diseñadas para optimizar el espacio y garantizar una adecuada estiba durante la navegación.
Otro aspecto distintivo es su sistema de propulsión dual-fuel, que puede operar tanto con Gas Natural Licuado (GNL) como con combustible marino convencional. Esta tecnología contribuye a disminuir las emisiones atmosféricas asociadas al transporte marítimo y forma parte de la estrategia de modernización de la flota desarrollada por BYD para acompañar la expansión internacional de sus vehículos eléctricos e híbridos enchufables. La utilización de GNL se enmarca en una tendencia creciente de la industria naviera hacia combustibles de menor impacto ambiental, impulsada por las regulaciones de la Organización Marítima Internacional (OMI).
Durante su primera operación en Chile, el buque descargó 1.918 vehículos electrificados, el mayor embarque de este tipo recibido por el país en una sola operación marítima. La magnitud de esta recalada confirma la importancia que ha adquirido el mercado chileno dentro de la estrategia logística regional de BYD y evidencia la creciente participación de la electromovilidad en el comercio exterior nacional.
La llegada de naves especializadas de esta categoría también plantea nuevos desafíos para la infraestructura portuaria. Los terminales deben contar con sitios de atraque compatibles con buques de cerca de 200 metros de eslora, amplios patios para almacenamiento temporal de miles de vehículos, circuitos internos capaces de sostener operaciones Ro-Ro de alta productividad y una coordinación logística que permita reducir los tiempos de permanencia de la nave en puerto.
A ello se suma la necesidad de fortalecer los protocolos asociados al manejo de vehículos equipados con baterías de ion-litio. Si bien estos automóviles son transportados diariamente en todo el mundo bajo estrictas normas de seguridad, el incremento de su participación en el comercio marítimo ha llevado a la OMI a revisar y actualizar sus estándares relativos a detección, prevención y combate de incendios en espacios Ro-Ro y cubiertas destinadas al transporte de vehículos. Desde el 1 de enero de 2026 entraron en vigor nuevas disposiciones del Convenio SOLAS orientadas a reforzar la seguridad contra incendios en este tipo de espacios, mientras continúan los trabajos técnicos para desarrollar requisitos específicos asociados al transporte masivo de vehículos de nuevas energías.
Las condiciones meteorológicas representan otro factor determinante para este tipo de operaciones. Debido a su gran superficie lateral y elevado volumen sobre la línea de flotación, los PCTC presentan una importante exposición a los efectos del viento y del oleaje durante las maniobras de aproximación, atraque y zarpe. Precisamente, durante su primera llegada a San Antonio, el BYD Changzhou debió esperar mejores condiciones marítimas antes de completar sus operaciones, situación que forma parte de los procedimientos normales de seguridad aplicados en la navegación comercial cuando las variables ambientales superan los parámetros operacionales establecidos.
La evolución del mercado chileno explica en parte este fenómeno. De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC), durante 2025 se comercializaron 35.443 vehículos de cero y bajas emisiones, consolidando un crecimiento sostenido del segmento. Para 2026, la industria proyecta un nuevo incremento impulsado por la ampliación de la oferta de modelos eléctricos e híbridos enchufables, el fortalecimiento de la infraestructura de carga y una mayor disponibilidad de unidades provenientes de los principales fabricantes internacionales.
En este contexto, la logística marítima adquiere un papel cada vez más estratégico. El aumento en la frecuencia de recaladas de buques especializados exigirá continuar fortaleciendo la capacidad operativa de los puertos chilenos, optimizar la coordinación entre terminales, servicios públicos y operadores logísticos, además de mantener actualizados los estándares de seguridad y gestión de riesgos asociados a nuevas tecnologías de transporte.
Para la cadena del comercio exterior, el arribo del BYD Changzhou representa mucho más que la incorporación de un nuevo servicio marítimo. Constituye una señal concreta de cómo la industria automotriz mundial está integrando producción, transporte y distribución bajo una misma estrategia logística, incrementando la eficiencia de sus cadenas de suministro y elevando las exigencias sobre la infraestructura portuaria de los países de destino.
Chile dispone de puertos con experiencia en operaciones Ro-Ro y con capacidad para atender este tipo de naves. Sin embargo, el crecimiento proyectado de la electromovilidad anticipa que la competitividad logística dependerá cada vez más de inversiones en infraestructura, digitalización de procesos, ampliación de áreas de respaldo, fortalecimiento de la conectividad terrestre y adopción de estándares internacionales que permitan responder de manera segura y eficiente a una demanda creciente.
La llegada del BYD Changzhou no constituye un hecho aislado. Representa una manifestación concreta de la transformación que vive el transporte marítimo internacional y confirma que los puertos chilenos deberán continuar evolucionando para acompañar una cadena logística cada vez más especializada, tecnológica y orientada al comercio de vehículos de nuevas energías.
Fuentes: Organización Marítima Internacional (IMO); Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC); BYD.