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2026: El Año de la Inversión

por | Dic 29, 2025 | Nacional

El Banco Central de Chile acaba de entregar su visión sobre el 2026, y el mensaje es claro: después de años de estancamiento, la economía chilena se prepara para un período de mayor dinamismo impulsado fundamentalmente por la inversión. Las cifras del Informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre 2025 pintan un escenario alentador que tendrá implicancias directas para todos los actores del comercio exterior, desde los agentes de aduana hasta las empresas importadoras y exportadoras.

Las Proyecciones: Entre la Cautela y el Optimismo

El Banco Central proyecta que la economía chilena crecerá entre 2% y 3% durante 2026, una mejora significativa respecto a las estimaciones previas que situaban el rango entre 1,75% y 2,75%. Este ajuste al alza no es casual: refleja una economía que ha mostrado mayor resiliencia de la esperada, con sectores clave que están recuperando terreno después de años difíciles.

Pero el dato más revelador está en la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), el indicador técnico que mide la inversión en el país. Para 2026, el Banco Central proyecta un crecimiento del 4,9%, una cifra que puede parecer modesta en términos porcentuales pero que representa un cambio fundamental en la dinámica económica. Después de meses donde las empresas postergaban proyectos y adoptaban posiciones defensivas, la inversión vuelve a tomar impulso. Y cuando la inversión crece, el comercio exterior se activa.

La inflación, ese fantasma que persiguió a Chile durante 2022 y 2023, finalmente estaría bajo control. El Banco Central proyecta que convergirá a la meta del 3% durante el primer trimestre de 2026, permitiendo un ambiente de mayor previsibilidad para empresas y consumidores. Esto, combinado con tasas de interés que han bajado sustancialmente desde sus máximos históricos, crea condiciones favorables para que las empresas vuelvan a invertir y para que el crédito fluya con mayor normalidad.

El precio del cobre, ese termómetro permanente de nuestra economía, también ofrece señales positivas. El Banco Central revisó al alza su proyección para 2026, situándose en US$4,70 la libra, cuarenta centavos más que la estimación anterior. Cada centavo adicional en el precio del cobre representa entre US$30 y US$60 millones extra para el Fisco chileno, recursos que pueden destinarse a infraestructura, educación o salud, generando un círculo virtuoso de mayor gasto público y actividad económica.

La Inversión: El Motor que se Enciende

Lo más interesante de las proyecciones del Banco Central no está solo en los números agregados, sino en lo que revelan sobre la composición de ese crecimiento esperado. Durante 2025, la inversión en maquinaria y equipos ha crecido un impresionante 11,7% trimestre a trimestre, confirmando que las empresas están renovando su capacidad productiva después de años de postergaciones. Las cifras de importaciones de bienes de capital de octubre y noviembre confirman que este dinamismo se ha mantenido.

Para el comercio exterior chileno, esto tiene implicancias concretas e inmediatas. Cuando las empresas invierten en maquinaria y equipos, la gran mayoría de esos bienes son importados. Chile no fabrica grúas mineras, excavadoras de gran tamaño, turbinas eólicas, equipamiento médico de alta complejidad o maquinaria industrial especializada. Cada punto porcentual de crecimiento en la FBCF se traduce en miles de contenedores adicionales llegando a los puertos de Valparaíso, San Antonio, Antofagasta o Iquique.

El sector minero sigue siendo el gran impulsor de esta recuperación. Los grandes proyectos mineros y energéticos continúan como el principal motor de expansión, con inversiones multimillonarias en nuevas faenas, ampliaciones de operaciones existentes y modernización tecnológica. Pero lo relevante es que, según el Banco Central, «se espera que durante el horizonte de proyección el impulso de la inversión se vuelva más transversal entre sectores». En otras palabras, no será solo la minería: la construcción, la energía, los servicios y otros rubros comenzarán a invertir con mayor fuerza.

La construcción, que tocó fondo en 2023 y ha mostrado señales de reactivación durante 2025, tendría un rol protagónico en 2026. Nuevas obras habitacionales, infraestructura hídrica, mejoras interurbanas, hospitales y proyectos de energías limpias impulsarían al sector. Y cuando la construcción se activa, se importa: acero estructural, cementos especiales, materiales de aislación, vidrios arquitectónicos, sistemas de climatización, ascensores, acabados de alta gama. Todo eso cruza fronteras antes de llegar a las obras.

El Contexto Internacional: Vientos Favorables con Nubes en el Horizonte

Chile no es una isla económica. Nuestro comercio exterior representa aproximadamente el 65% del PIB, lo que significa que lo que ocurre en el mundo nos afecta directamente. El Banco Central proyecta que el crecimiento de nuestros socios comerciales se ubicará en torno al 2,8% promedio para 2026, ligeramente superior a lo estimado previamente. Estados Unidos y las economías asiáticas emergentes liderarían este crecimiento.

China, nuestro principal socio comercial que absorbe el 39% de nuestras exportaciones, mantendría un crecimiento cercano al 5%, suficiente para sostener su demanda por cobre, litio, frutas frescas y otras materias primas chilenas. Esta estabilidad en el gigante asiático es fundamental para la salud de nuestro sector exportador.

Sin embargo, el panorama internacional no está exento de riesgos. El Banco Central es enfático al señalar que «los riesgos del panorama internacional continúan siendo elevados». Las tensiones geopolíticas persisten, con conflictos bélicos que no se resuelven y que mantienen la incertidumbre. Las economías desarrolladas, en particular en Europa, están aumentando su gasto en defensa, lo que podría agravar sus situaciones fiscales ya deterioradas.

Un riesgo particular que preocupa a las autoridades es la posibilidad de políticas comerciales proteccionistas, especialmente potenciales medidas arancelarias desde Estados Unidos. Este factor, aunque aún incierto en su magnitud, podría afectar los flujos comerciales globales. Para Chile, con tratados de libre comercio con más de 65 países que representan el 88% del PIB mundial, estas tendencias proteccionistas representan un desafío que debe monitorearse cuidadosamente.

Los problemas logísticos que han marcado los últimos años tampoco han desaparecido completamente. El conflicto en el Mar Rojo continúa alterando rutas marítimas, obligando a muchos buques a rodear África con el consiguiente aumento en tiempos de tránsito y costos. El Canal de Panamá mantiene restricciones por problemas de sequía, limitando el número de buques que pueden transitar diariamente. Estos factores mantienen los costos logísticos elevados, aunque han disminuido respecto a sus máximos de 2022.

Qué Significa Para el Comercio Exterior Chileno

Traducir proyecciones macroeconómicas a realidades operacionales es el desafío permanente de quienes trabajan en comercio exterior. Un crecimiento de la FBCF del 4,9% en 2026 significa, en términos prácticos, varios miles de contenedores adicionales de maquinaria, equipos y bienes de capital ingresando al país. Para los agentes de aduana, esto representa mayor volumen de trabajo, pero también mayor complejidad.

Las importaciones de bienes de capital no son simples. Requieren clasificaciones arancelarias precisas, determinación correcta de valores aduaneros, gestión de permisos sectoriales cuando corresponde (SAG para equipamiento agrícola, SEREMI de Salud para equipos médicos, SEC para equipamiento eléctrico), y muchas veces aprovechamiento de preferencias arancelarias bajo tratados de libre comercio. Un error en la clasificación puede significar el pago de aranceles incorrectos; una omisión en permisos puede detener la mercancía en puerto generando costos de almacenaje y demoras que afectan proyectos de inversión.

El sector minero, principal impulsor de la inversión en 2026, importa equipamiento de alta especialización y alto valor: camiones mineros de 400 toneladas que pueden costar varios millones de dólares cada uno, palas mecánicas gigantes, sistemas de procesamiento de minerales, equipamiento de seguridad avanzado, tecnología de automatización y control remoto. Cada una de estas importaciones requiere asesoría profesional para navegar la complejidad regulatoria y optimizar costos tributarios.

La construcción, por su parte, tiene dinámicas particulares. Los proyectos de infraestructura pública y privada requieren importaciones que van desde maquinaria pesada hasta materiales específicos que no se producen localmente. Los proyectos de energías renovables, que están en pleno auge en Chile, importan turbinas eólicas de cientos de toneladas, paneles solares por millones de unidades, sistemas de almacenamiento de energía con baterías de litio, equipamiento de conexión a red eléctrica. Cada proyecto es único y requiere soluciones aduaneras a medida.

Oportunidades Concretas Para los Agentes de Aduana

Este escenario de mayor inversión durante 2026 presenta oportunidades tangibles para los aproximadamente 2.200 agentes de aduana habilitados que operan en Chile. La primera y más obvia es el incremento en el volumen de operaciones. Más importaciones significan más despachos, más declaraciones de ingreso, más gestión documental. Pero reducir la oportunidad solo al volumen sería un error.

La verdadera oportunidad está en la especialización y el valor agregado. Las empresas que invierten en proyectos importantes necesitan más que tramitadores; necesitan asesores estratégicos que entiendan sus negocios, que puedan anticipar problemas, que optimicen procesos y costos. Un agente de aduana que domina las particularidades de la importación de equipamiento minero, que conoce las preferencias arancelarias aplicables, que tiene relaciones establecidas con las autoridades sectoriales y que puede coordinar eficientemente entre proveedores extranjeros, transportistas, puertos y destinos finales, se convierte en un socio invaluable.

La transformación digital del comercio exterior chileno también abre espacios. El Sistema Integrado de Comercio Exterior (SICEX), aunque implementado más tarde que en países vecinos, está avanzando en su despliegue. Los agentes de aduana que dominen estas plataformas digitales, que puedan procesar información en tiempo real, que utilicen inteligencia de datos para anticipar tendencias y optimizar operaciones, tendrán ventajas competitivas significativas.

El nuevo régimen de IVA a importaciones digitales, implementado en octubre de 2024, ha demostrado que la normativa tributaria y aduanera está en constante evolución. Los profesionales que se mantienen actualizados, que invierten en capacitación continua, que participan en instancias gremiales como la Cámara Aduanera de Chile, son quienes mejor pueden adaptarse a estos cambios y convertirlos en oportunidades.

La diversificación de mercados es otro factor relevante. Con el proteccionismo en aumento en algunas economías desarrolladas, Chile está explorando activamente nuevos socios comerciales. El acuerdo modernizado con EFTA (Suiza, Noruega, Islandia, Liechtenstein), las conversaciones con la Unión Europea para actualizar el acuerdo existente, el interés en profundizar relaciones con países asiáticos más allá de China, todo esto genera nuevas rutas comerciales que requieren conocimiento especializado de marcos regulatorios diversos.

Los Desafíos Que No Debemos Ignorar

Sería ingenuo presentar solo el lado positivo. El comercio exterior chileno enfrenta desafíos estructurales que no se resolverán automáticamente con proyecciones económicas favorables. La infraestructura portuaria chilena, aunque ha mejorado, todavía presenta cuellos de botella en momentos de alta demanda. La competencia del megapuerto de Chancay en Perú, inaugurado en 2024, intensifica la presión sobre nuestros puertos para ser más eficientes y competitivos.

La integración digital entre los diversos actores de la cadena logística sigue siendo incompleta. Aunque el SICEX avanza, aún hay desconexión entre sistemas de embarques marítimos, carreteros, SAG, Sernapesca y otras entidades. Esta falta de integración genera ineficiencias, duplicación de información y demoras innecesarias. Para un país donde el comercio exterior representa dos tercios del PIB, estas ineficiencias tienen un costo económico significativo.

El mercado laboral en comercio exterior también enfrenta tensiones. Hay escasez de profesionales especializados en áreas técnicas específicas. Encontrar agentes de aduana que además sean expertos en normativa fitosanitaria, o que dominen regulaciones de productos químicos, o que conozcan en profundidad el régimen de zonas francas, no es simple. La formación continua y la especialización son desafíos permanentes que la industria debe abordar.

Las condiciones de financiamiento, aunque han mejorado con la baja de tasas de interés, todavía no están en niveles que faciliten el acceso al crédito para todas las empresas, especialmente pymes. Muchas pequeñas y medianas empresas que podrían exportar o que necesitan importar para crecer enfrentan barreras de financiamiento que limitan su participación en el comercio exterior.

Mirando Hacia el 2026: Preparación y Adaptación

El año 2026 se presenta como un período de oportunidades, pero aprovecharlas requiere preparación. Para los agentes de aduana, esto significa invertir en actualización profesional, dominar las nuevas plataformas digitales, especializarse en sectores con mayor dinamismo y fortalecer la capacidad de asesoría estratégica más allá de la tramitación básica.

Para las empresas importadoras, el mensaje es igualmente claro: el incremento proyectado en la inversión generará mayor competencia por servicios logísticos y aduaneros. Planificar con anticipación, establecer relaciones sólidas con agentes de aduana profesionales, entender las nuevas normativas y aprovechar las herramientas digitales disponibles será fundamental para capitalizar las oportunidades.

Para las autoridades, el desafío es continuar modernizando la infraestructura física y digital del comercio exterior chileno. El SICEX debe completar su implementación e integración con otros sistemas. Los puertos deben seguir mejorando su eficiencia. Los procedimientos regulatorios deben simplificarse sin perder control. La capacitación de funcionarios públicos debe ser constante para que puedan operar eficientemente en un entorno cada vez más digitalizado y complejo.

El Rol Estratégico del Comercio Exterior

Las proyecciones del Banco Central para 2026 no son solo números en una tabla. Son señales de una economía que busca recuperar dinamismo después de años complejos. Y en una economía pequeña y abierta como la chilena, el comercio exterior no es un sector más: es el mecanismo fundamental a través del cual nos conectamos con el mundo, accedemos a tecnología, vendemos nuestros recursos naturales y productos de valor agregado, y generamos las divisas necesarias para financiar nuestras importaciones.

Los agentes de aduana, aunque raramente aparecen en los titulares de prensa o en los análisis macroeconómicos, son los facilitadores operacionales que hacen posible este comercio. Sin su experticia, sin su capacidad de navegar laberintos regulatorios, sin su función como garantes de legalidad y transparencia, ninguna proyección económica puede materializarse. Son el puente entre las políticas comerciales y la realidad operacional, entre las oportunidades globales y las empresas locales que buscan conquistarlas.

El 2026 pinta como un año de recuperación gradual, de inversión creciente, de oportunidades que se abren en sectores clave como minería, construcción y energía. El precio del cobre favorable, la inflación convergiendo a la meta, las tasas de interés más bajas y un escenario internacional resiliente crean condiciones propicias. Pero las condiciones favorables solo se traducen en resultados cuando hay profesionales preparados que saben aprovecharlas.

La Cámara Aduanera de Chile tiene un rol fundamental en este contexto: ser el espacio de encuentro, formación y defensa de los intereses de los agentes de aduana. Facilitar la actualización profesional, generar instancias de diálogo con autoridades, representar al sector ante cambios normativos, y promover las mejores prácticas son funciones que cobran mayor relevancia en un año que promete ser dinámico y desafiante.

Las proyecciones están sobre la mesa. Las oportunidades están identificadas. Los desafíos son conocidos. Ahora viene la parte más importante: la ejecución. Que el 2026 sea recordado no solo como el año en que las proyecciones fueron optimistas, sino como el año en que Chile aprovechó esas condiciones favorables para fortalecer su comercio exterior, profesionalizar aún más sus servicios aduaneros, y consolidar su posición como una economía abierta, competitiva y bien conectada con el mundo. Los agentes de aduana, como siempre, estarán en primera línea haciendo posible que esa visión se convierta en realidad.

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