La nueva conexión entre la Ruta de la Fruta, la Ruta 78 y el Puerto de San Antonio está entrando en su etapa final. El Ministerio de Obras Públicas informó el 22 de septiembre que las obras del tramo entre Santo Domingo y San Antonio alcanzan un 80% de avance. La puesta en servicio provisoria está prevista para mediados de 2027 y la ruta completa, cerca de 2030.
Para el comercio exterior, el dato va más allá de la construcción. La infraestructura que lleva una carga desde una zona productiva hasta un puerto forma parte del mismo sistema logístico en el que intervienen transportistas, agentes de aduana, terminales y organismos fiscalizadores.
La Ruta 66, conocida como Camino de la Fruta, conecta Pelequén, en O’Higgins, con el acceso al Puerto de San Antonio. El proyecto concesionado tiene una extensión aproximada de 141 kilómetros y contempla una inversión cercana a US$632 millones. Busca elevar el estándar de la vía, mejorar la seguridad y generar una conexión más eficiente con el sistema portuario.
UNA NUEVA CONEXIÓN HACIA SAN ANTONIO
La parte final corresponde a la denominada Variante San Juan. Considera una nueva vía expresa de 15 kilómetros, el Enlace Las Brisas y los viaductos Maipo, San Juan y Las Lajas. El diseño contempla condiciones para una futura ampliación de capacidad.
El MOP plantea que la obra permitirá descongestionar el tránsito, reducir tiempos de viaje y mejorar la seguridad. También destaca su aporte al transporte de productos agrofrutícolas entre el centro del país y los puertos de la Región de Valparaíso.
Para una cadena agrícola, el tiempo tiene un peso especial. La carga perecible no puede tratarse como una mercancía indiferente a las demoras. Cada interrupción agrega presión sobre una operación que depende de ventanas logísticas acotadas.
EL PUERTO Y SU HINTERLAND
La importancia de la obra se entiende mejor al observar el volumen que ya mueve San Antonio.
Durante 2025, Puerto San Antonio transfirió 23.855.311 toneladas y 2.060.244 TEU, superando por primera vez los dos millones de contenedores de 20 pies movilizados en un año. La carga contenedorizada alcanzó 18.199.722 toneladas.
Entre enero y julio de 2026, acumuló 13.682.985 toneladas transferidas, un 2,3% más que en igual período de 2025, y 1.159.153 TEU, un 1,4% más.
El volumen explica por qué los accesos terrestres deben analizarse junto con la planificación portuaria. Si un terminal eleva su capacidad, pero las conexiones con el hinterland no acompañan, parte de la eficiencia obtenida en el muelle puede perderse fuera del puerto.
San Antonio proyecta, además, una expansión de gran escala. Puerto Exterior contempla un molo de abrigo de aproximadamente cuatro kilómetros, dragados, explanadas y dos terminales de 1.730 metros cada uno. En plena operación, tendrá una capacidad proyectada de hasta seis millones de TEU anuales y podrá recibir simultáneamente hasta ocho naves de 400 metros de eslora. La inversión público-privada estimada alcanza US$4.450 millones.
La primera etapa considera 865 metros de muelle y una capacidad de 1,5 millones de TEU anuales, con inicio de operaciones proyectado hacia 2036.
La Ruta de la Fruta es, por tanto, una pieza de una red que deberá acompañar mayores movimientos de carga durante las próximas décadas.
UNA RED, NO UNA CARRETERA
La Ruta 66 no es el único eje relevante. La segunda concesión de la Ruta 78 contempla el mejoramiento de 132,8 kilómetros entre Santiago y San Antonio, incluyendo terceras pistas en determinados sectores y obras destinadas a mejorar el acceso al puerto. La Dirección General de Concesiones la define como un eje fundamental para el transporte de carga entre Santiago y San Antonio.
En paralelo, el nuevo Puente Lo Gallardo registra cerca de 80% de avance. Tendrá 840 metros de longitud y más de 200 pilotes de fundación. La inversión supera los $69 mil millones y la terminación está prevista para el segundo semestre de 2028.
La Empresa Portuaria San Antonio ya identificaba en su planificación maestra la Ruta de la Fruta, Puente Lo Gallardo, Acceso Norte, Ruta 78, Puerto Exterior y corredor ferroportuario como componentes de una red futura.
UNA INFRAESTRUCTURA QUE DEBE ANTICIPARSE
Para un exportador agrícola, conocer con mayor precisión cuánto tardará la carga en llegar al puerto permite coordinar transporte, almacenamiento, ingreso a terminal y embarque. Para un importador, una conexión más fluida puede mejorar la programación de retiros.
Una ruta terminada no garantiza, por sí sola, una cadena eficiente. También cuentan los accesos, la gestión del tráfico, las zonas de espera de camiones y la coordinación con los terminales.
Puerto San Antonio ya moviliza más de dos millones de TEU anuales y proyecta una ampliación de gran escala. En ese escenario, las carreteras que alimentan el puerto pasan a formar parte de su capacidad efectiva.
La discusión tampoco termina en el pavimento. El desarrollo ferroviario, los accesos portuarios, la gestión de camiones y la coordinación entre operadores forman parte de la misma ecuación.
Por eso, el avance de la Ruta de la Fruta debe leerse como una inversión en conectividad logística. No sustituye otras soluciones, pero agrega capacidad, seguridad y una alternativa de conexión de mayor estándar.
La próxima prueba será su integración con la Ruta 78, el nuevo Puente Lo Gallardo, los accesos a San Antonio y la expansión portuaria prevista para las próximas décadas.
El comercio exterior funciona como una cadena. Una carretera bien conectada puede reducir tiempos, ordenar flujos y dar mayor certeza a quienes importan y exportan.
Con 80% de avance en su tramo final, la Ruta de la Fruta se acerca a una etapa en que la obra deberá demostrar su capacidad para integrarse al sistema logístico del país.
Fuentes principales: Ministerio de Obras Públicas y Dirección General de Concesiones; Empresa Portuaria San Antonio y su Memoria Integrada 2025.