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OMC: EL BLOQUEO DEL ESTRECHO DE ORMUZ PUEDE SER CATASTRÓFICO PARA EL ABASTECIMIENTO DE COMIDA Y FERTILIZANTES

por | Mar 20, 2026 | Aéreo, Internacional, Marítimo, Nacional, Novedades

El Estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, constituye uno de los puntos más estratégicos para el comercio internacional. Tradicionalmente asociado al tránsito de petróleo, su relevancia se ha ampliado en los últimos años debido a su papel en el transporte de insumos críticos para la producción agrícola, especialmente fertilizantes. La posibilidad de un bloqueo en esta zona ha encendido las alertas de organismos internacionales, que advierten sobre efectos sistémicos en la economía global.

De acuerdo con estimaciones recientes, cerca del 20% del petróleo mundial transita por este corredor marítimo. Sin embargo, un aspecto menos visible, pero igualmente relevante, es el flujo de fertilizantes nitrogenados, como la urea, esenciales para sostener la productividad agrícola a gran escala. La interrupción de este suministro no solo afecta a los países importadores de energía, sino también a aquellos altamente dependientes de insumos agrícolas provenientes de la región.

El impacto potencial de un bloqueo en Ormuz se manifiesta en múltiples niveles. En primer lugar, la disrupción logística implica la necesidad de redireccionar rutas marítimas, lo que incrementa los tiempos de tránsito y los costos de transporte. Este efecto es inmediato y se traduce en mayores tarifas de flete, seguros más altos y una menor previsibilidad en las cadenas de suministro.

En segundo lugar, el encarecimiento de los fertilizantes tiene consecuencias directas sobre la producción agrícola. Países como India, Brasil o Tailandia, que dependen en gran medida de las importaciones de urea, enfrentan un escenario complejo ante eventuales restricciones de suministro. La reducción en el uso de fertilizantes, ya sea por escasez o por precios elevados, impacta en los rendimientos agrícolas, disminuyendo la oferta global de alimentos.

Este fenómeno genera un efecto en cadena que se traslada a los mercados internacionales. La menor disponibilidad de productos agrícolas, sumada a costos de producción más altos, tiende a presionar al alza los precios de los alimentos. En contextos de alta vulnerabilidad, esto puede derivar en problemas de seguridad alimentaria, especialmente en economías emergentes o con alta dependencia de importaciones.

Desde una perspectiva macroeconómica, los efectos de una crisis prolongada en la región podrían reflejarse en una desaceleración del comercio mundial y del crecimiento económico. La incertidumbre en torno a los flujos energéticos y logísticos afecta la toma de decisiones de inversión, mientras que el aumento de costos reduce la competitividad de diversos sectores productivos.

En el caso de Chile, si bien no existe una dependencia directa del Estrecho de Ormuz, los impactos indirectos son significativos. El país importa una parte relevante de los fertilizantes que utiliza en su sector agrícola, por lo que cualquier alteración en los precios internacionales repercute en los costos de producción local. Asimismo, el incremento de los fletes marítimos y la volatilidad logística afectan tanto a importadores como a exportadores.

Para los operadores de comercio exterior, incluidos los agentes de aduana, este escenario implica una mayor complejidad operativa. La planificación logística se vuelve más incierta, los costos asociados a las operaciones aumentan y la gestión de riesgos adquiere un rol central. La necesidad de diversificar proveedores, anticipar contingencias y optimizar procesos se vuelve fundamental para mitigar los efectos de un entorno volátil.

Este contexto pone de relieve la fragilidad de ciertos puntos críticos en la red global de comercio. Los denominados “chokepoints” o cuellos de botella, como el Estrecho de Ormuz, concentran un volumen significativo de flujos estratégicos, lo que los convierte en factores de riesgo sistémico. La interdependencia entre energía, agricultura y logística amplifica el impacto de cualquier interrupción en estas zonas.

En consecuencia, diversos actores del comercio internacional han comenzado a evaluar estrategias de resiliencia. Entre ellas se incluyen la diversificación de rutas marítimas, el desarrollo de proveedores alternativos y la inversión en infraestructura logística. Asimismo, se observa un creciente interés en fortalecer la producción local de insumos críticos, con el objetivo de reducir la exposición a shocks externos.

En síntesis, el eventual bloqueo del Estrecho de Ormuz no debe analizarse únicamente como un problema energético, sino como un fenómeno con profundas implicancias para la seguridad alimentaria y el comercio global. Su impacto trasciende regiones y sectores, evidenciando la necesidad de avanzar hacia sistemas logísticos más robustos y adaptativos. En un entorno cada vez más interconectado, la gestión de riesgos y la anticipación estratégica se consolidan como elementos clave para la sostenibilidad del comercio internacional.

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