Chile inició el 20 de abril de 2026 la implementación de un sistema de certificación fitosanitaria completamente digital para sus exportaciones hacia China, convirtiéndose en el primer país del mundo en operar bajo este modelo sin respaldo en papel. La medida, desarrollada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), representa un cambio estructural en la forma en que se gestionan los controles sanitarios en el comercio internacional.
El sistema permite la transmisión electrónica directa de certificados fitosanitarios desde la autoridad chilena hacia sus contrapartes en destino, eliminando la necesidad de documentos físicos que acompañen la carga. Esta transformación no solo simplifica los procesos, sino que también reduce significativamente los riesgos asociados a la pérdida de documentación, errores manuales o posibles fraudes.
Uno de los principales impactos se observa en los tiempos logísticos. La validación anticipada de la información permite que las cargas sean procesadas con mayor rapidez en destino, lo que resulta especialmente relevante para productos perecibles. En sectores como el frutícola, donde Chile tiene una fuerte presencia exportadora, cada hora de tránsito y espera puede incidir directamente en la calidad y valor comercial de los productos.
Desde una perspectiva competitiva, esta innovación posiciona a Chile en una situación ventajosa frente a otros países de la región. En el caso de Perú, uno de sus principales competidores en exportaciones agrícolas hacia Asia, los procesos aún presentan mayores niveles de dependencia documental física. Esta diferencia puede traducirse en mayores tiempos de procesamiento, mayor exposición a contingencias operativas y menores niveles de integración digital con los sistemas de destino.
La digitalización completa de la certificación fitosanitaria también fortalece la trazabilidad. La información disponible en línea permite un seguimiento más preciso de cada envío, facilitando auditorías, controles y respuestas ante eventuales contingencias sanitarias. A su vez, contribuye a elevar los estándares de transparencia y confianza entre las autoridades involucradas.
El proceso no surge de manera improvisada. Durante meses se desarrollaron pruebas piloto que permitieron validar el funcionamiento del sistema, detectar posibles fallas y ajustar los procedimientos antes de su implementación total. Este enfoque gradual fue clave para asegurar una transición sin interrupciones en el flujo exportador.
En este nuevo escenario, el rol del agente de aduana adquiere una relevancia distinta. Si bien la digitalización reduce la carga operativa asociada a la gestión documental física, aumenta la necesidad de contar con profesionales capaces de interpretar, validar y gestionar información electrónica en tiempo real. El agente de aduana se posiciona como un articulador entre sistemas, normativas y actores logísticos.
Su función se orienta cada vez más hacia la supervisión del cumplimiento normativo en entornos digitales, la detección de inconsistencias en la información transmitida y la coordinación eficiente entre exportadores, autoridades y operadores logísticos. Asimismo, su conocimiento técnico resulta clave para asegurar que los procesos se ajusten a las exigencias específicas de cada mercado de destino.
La implementación de este sistema también abre la puerta a futuras integraciones con otros países y bloques comerciales. En la medida en que más mercados adopten estándares compatibles, se podría avanzar hacia un ecosistema global de comercio sin papel, donde la eficiencia y la seguridad de la información sean elementos centrales.
En términos estratégicos, la decisión de avanzar hacia la certificación fitosanitaria digital responde a la necesidad de adaptarse a un comercio internacional cada vez más dinámico, exigente y tecnológico. Chile, al anticiparse a esta tendencia, no solo mejora su competitividad actual, sino que también establece una base sólida para enfrentar los desafíos futuros del sector exportador.
El avance plantea un nuevo estándar en la región y obliga a otros países a acelerar sus propios procesos de modernización. En este contexto, la capacidad de adaptación de los distintos actores de la cadena logística será determinante para mantener la competitividad en un entorno en constante evolución.