El primer embarque de lana ovina de origen chileno llegó al puerto de Mundra, en el estado indio de Gujarat, marcando un nuevo hito en la relación comercial entre ambos países. La operación fue posible gracias al trabajo conjunto de ProChile, la agregaduría agrícola de Chile en India, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la autoridad sanitaria india del Departamento de Ganadería y Producción Lechera (DAHD).
El exportador es Standard Wool Chile S.A., empresa con domicilio en Punta Arenas y registrada ante el SAG como establecimiento habilitado para exportar lana ovina en bruto. El importador, Surana WoolIndia, tiene su sede en la ciudad de Bikaner, en el estado de Rajastán. El ministro de Agricultura, Jaime Campos, señaló que el envío permite avanzar en una estrategia de diversificación de destinos para la lana chilena, un rubro con larga tradición productiva en el país.
Una apertura sanitaria de dos años
El acceso al mercado indio no fue inmediato. En noviembre de 2025, el SAG informó que las autoridades sanitarias de India habían aprobado el certificado zoosanitario que permite la exportación de lana cruda y procesada desde Chile, abriendo las puertas al segundo mayor importador mundial de lana, con un comercio anual cercano a los US$205 millones y un volumen próximo a las 60 mil toneladas. Chile ya contaba con acceso a China, principal comprador global del producto, por lo que la apertura de India consolidó su presencia en los dos mercados más relevantes del rubro lanero.
El director general de ProChile, Ignacio Fernández, destacó que en 2025 el país exportó cerca de US$13 millones en lana, un alza de 19% respecto del año anterior, y proyectó que la cifra continúe creciendo con el mercado indio ya habilitado. Para Magallanes, región donde la actividad ovina forma parte de la identidad productiva desde fines del siglo XIX, el hito representa una vía adicional para colocar un producto que hoy compite con fibras sintéticas y con la oferta de otros países productores de lana fina.
El comercio bilateral se acelera
El envío de lana se inserta en un contexto de expansión más amplia del intercambio entre Chile e India. Según el Informe Mensual de Comercio Exterior de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), elaborado con cifras del Banco Central y el Servicio Nacional de Aduanas, las exportaciones chilenas a India crecieron 109% en el primer semestre de 2026 respecto de igual período de 2025, impulsadas principalmente por cobre, oro, yodo, manzanas frescas, nueces y semillas. Con ese resultado, India se consolidó como el quinto destino de las exportaciones chilenas de bienes, detrás de China, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
El marco jurídico de este intercambio sigue siendo el Acuerdo de Alcance Parcial (AAP) suscrito entre ambos países en 2007, que otorga rebajas arancelarias a una parte relevante del comercio bilateral pero no equivale a un tratado de libre comercio completo. En los últimos años se han sostenido conversaciones para profundizar ese acuerdo, en un escenario donde el intercambio ha crecido muy por encima del ritmo previsto al momento de su firma.
El componente logístico de la operación
Para el sector del comercio exterior y la logística, el aspecto menos visible de este hito es el recorrido físico que debe completar la carga. Trasladar lana desde Punta Arenas, en el extremo austral de Chile, hasta un puerto del subcontinente indio implica varias etapas: acopio y clasificación en origen, transporte hacia un puerto de conexión con rutas marítimas hacia Asia, tránsito oceánico de varias semanas y, finalmente, recepción y despacho aduanero en Mundra, uno de los principales terminales de contenedores de India.
Cada tramo exige documentación específica. La certificación zoosanitaria emitida por el SAG debe acompañar la carga desde el origen, mientras que el ingreso a India requiere cumplir con los requisitos del DAHD para productos de origen animal. La coordinación entre ambas autoridades, sostenida durante casi dos años antes del primer envío, ilustra cómo la apertura de un mercado agropecuario depende tanto de la diplomacia sanitaria como de la gestión aduanera y logística posterior.
Este tipo de operaciones también pone a prueba la capacidad de las regiones extremas del país para conectarse con mercados lejanos. A diferencia de la fruta o el salmón, que cuentan con cadenas de exportación consolidadas y alta frecuencia de embarques, la lana magallánica corresponde a un nicho de menor volumen que depende de una coordinación estrecha entre el exportador, los operadores logísticos y los servicios públicos involucrados en la certificación de la carga.
Una vía para otros productos regionales
El caso de la lana muestra un camino que otros sectores exportadores de regiones extremas podrían replicar: mercados de nicho, con volúmenes acotados pero precios diferenciados por calidad, que se abren mediante protocolos sanitarios específicos antes que por acuerdos comerciales amplios. Para el sistema aduanero y logístico chileno, sostener esa capacidad de adaptación a productos y destinos distintos resulta cada vez más relevante en un escenario donde la diversificación de mercados es un objetivo explícito de la política comercial del país.
Mientras el intercambio con India sigue creciendo a tasas de tres dígitos, el desafío para los próximos envíos de lana y de otros productos regionales será sostener la eficiencia de una cadena logística que conecta uno de los extremos más aislados del país con uno de los mercados textiles más grandes del mundo.
Fuentes: Servicio Agrícola y Ganadero (SAG); Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), con cifras del Banco Central de Chile y el Servicio Nacional de Aduanas; ProChile; Ministerio de Agricultura de Chile; Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa).