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ESTRECHEZ ELÉCTRICA EN CHILE: UN RIESGO OPERACIONAL QUE EL COMERCIO EXTERIOR NO PUEDE IGNORAR

por | Jul 10, 2026 | Aéreo, Internacional, Marítimo, Nacional, Novedades, Terrestre

La semana del 7 al 10 de julio de 2026 quedará marcada en la historia reciente del sector energético chileno como el momento en que la advertencia pasó de ser técnica a ser urgente. El Coordinador Eléctrico Nacional (CEN) publicó un estudio complementario a su Estudio de Seguridad de Abastecimiento (ESA) de julio de 2026 que modificó sustancialmente el diagnóstico de la semana anterior: bajo determinados escenarios de confluencia adversa, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) podría verificar déficit de abastecimiento eléctrico durante julio de 2026, con proyección que podría extenderse a agosto. El director ejecutivo del organismo, Ramón Castañeda, lo informó formalmente como hecho esencial a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), con copia a la ministra de Energía, Ximena Rincón. La señal fue tan clara que Generadoras de Chile, el gremio que agrupa a las principales empresas generadoras del país, convocó el 8 de julio a una sesión de directorio extraordinaria y acordó solicitar a la autoridad la activación de un decreto preventivo de racionamiento.

Para buena parte de la ciudadanía, la estrechez eléctrica evoca cortes de luz en hogares y eventuales restricciones al consumo residencial o industrial. Para quienes trabajan en comercio exterior y logística, el significado es más específico y sus consecuencias más difíciles de revertir: cuando la energía falla en la cadena logística, el impacto no se mide solo en kWh no suministrados, sino en toneladas de carga detenida, contenedores acumulados en patios, carga perecedera en riesgo y compromisos internacionales incumplidos.

La tormenta perfecta que nadie quería

El diagnóstico del CEN identifica una confluencia de factores que los especialistas del sector han comenzado a describir como una tormenta perfecta. El fenómeno de El Niño generó expectativas de un invierno lluvioso que no se materializaron en las cuencas donde operan las centrales hidroeléctricas del país, retrasando el inicio de las precipitaciones en las zonas críticas para la generación hídrica. La indisponibilidad de la central termoeléctrica Campiche hasta octubre y de una unidad de la Central Canutillar —que equivale al 50% de su capacidad— privó al sistema de capacidad instalada relevante en momentos de alta demanda. Argentina redujo sus envíos de gas natural, presionando el abastecimiento de las generadoras térmicas que dependen de ese combustible para operar. Y el consumo eléctrico nacional creció un 11% entre mayo de 2025 y mayo de 2026, impulsado por el segmento residencial, que representa el 42% de la demanda.

El resultado es que Chile consume actualmente el doble de diésel para generación eléctrica que en períodos similares anteriores. Ese dato es relevante no solo por el costo —el diésel es significativamente más caro que el gas natural como combustible para generación— sino por su logística de reposición, que el propio estudio del CEN identificó como una variable crítica del sistema. A fines de junio de 2026, el consumo promedio móvil de siete días de diésel para generación era de aproximadamente 1.000 metros cúbicos por día; en los primeros días de julio ese consumo saltó a cerca de 6.000 metros cúbicos diarios en promedio, según indica el propio documento del Coordinador, citado por La Tercera. Ese salto cuantifica con precisión el estado de estrechez del SEN.

El secretario ejecutivo subrogante de la Comisión Nacional de Energía (CNE), Mauricio Funes, solicitó formalmente al CEN antecedentes complementarios al ESA de junio, y el organismo respondió con el estudio que confirmó los escenarios de déficit. El caso más crítico analizado —denominado «caso 6» en el documento— contempla simultáneamente bajo aporte hídrico, indisponibilidad de dos centrales térmicas eficientes de gran tamaño en la zona central y restricciones en la reposición de combustible diésel. Bajo ese escenario, el déficit de abastecimiento es verificable a corto plazo.

El Ministerio de Energía ha aclarado que el decreto preventivo de racionamiento constituye una herramienta de última instancia y que se están agotando las medidas preventivas disponibles: entre ellas, instrucciones al CEN para aplicar criterios conservadores en la operación de embalses, postergar mantenimientos preventivos no urgentes, y convocar al despacho a todas las centrales que pueden operar con diésel. Enel Chile, por su parte, propuso mecanismos que faciliten la adquisición de gas natural en el mercado spot y la aceleración de los servicios complementarios de inercia y potencia de cortocircuito, según consignó el Diario Financiero. Los actores del sector coinciden en que, aunque no se ha declarado una emergencia, las condiciones operacionales actuales no tienen precedente reciente y exigen respuesta coordinada e inmediata.

La infraestructura logística y su dependencia eléctrica

Lo que el debate energético no suele visibilizar con suficiente claridad es la exposición directa que tiene la cadena logística del comercio exterior ante episodios de estrechez o interrupción del suministro eléctrico. Chile es una economía profundamente abierta: según datos del Banco Central, el comercio exterior representa alrededor del 60% del PIB cuando se suman importaciones y exportaciones. La infraestructura que sostiene ese intercambio requiere electricidad en cada uno de sus eslabones, sin excepciones y sin margen para interrupciones prolongadas.

Los terminales portuarios operan grúas STS —ship to shore— de alta demanda energética para el movimiento de contenedores entre los buques y los patios. Las grúas RTG —rubber tyred gantry— que organizan los contenedores en los patios son igualmente dependientes de suministro eléctrico continuo. Los sistemas de escaneo no intrusivo utilizados por el Servicio Nacional de Aduanas para la inspección de carga sin apertura física de contenedores requieren potencia eléctrica estable para operar con la precisión que exige el control aduanero. Los depósitos extraportuarios, donde los importadores retiran sus contenedores o los exportadores los consolidan antes del embarque, operan grúas y equipos de movimiento de carga con alimentación eléctrica permanente.

Las cadenas de frío son el eslabón más vulnerable de todos. La exportación de fruta fresca —que representó en promedio más de USD 4.000 millones anuales en los últimos años, según datos del Banco Central— y la importación de productos farmacéuticos, lácteos, carnes y otros perecederos depende de la mantención de temperaturas controladas de manera ininterrumpida desde la planta o el packing hasta el buque de exportación, y desde el buque hasta la bodega del importador en el caso de las importaciones. Una interrupción eléctrica en un frigorífico o en un depósito de temperatura controlada puede comprometer la totalidad de un embarque en pocas horas, con pérdidas que van mucho más allá del costo de la carga misma: incluyen el costo logístico acumulado, el daño reputacional ante el cliente internacional y, en algunos casos, la pérdida del acceso a un mercado si el producto llega fuera de condición a un destino que exige estándares fitosanitarios estrictos.

Los pasos fronterizos terrestres tienen una exposición adicional: su operación en zonas de alta montitud, donde los sistemas de respaldo energético son más costosos y complejos de mantener, los hace especialmente vulnerables ante cortes o restricciones de suministro.

El efecto cascada: demurrage, detention y pérdida de ventanas logísticas

La característica que hace especialmente grave la exposición del comercio exterior a una interrupción eléctrica es el efecto en cascada que genera dentro de la cadena. Las operaciones de comercio exterior modernas funcionan bajo esquemas de coordinación just in time, donde cada actor —naviera, terminal, depósito, transportista, agente de aduana, importador— opera sobre la base de ventanas de tiempo muy ajustadas. Cuando una de esas ventanas se cierra por causas externas, el costo no se limita al tiempo perdido: se traslada hacia adelante y se multiplica.

Un contenedor que no puede retirarse del terminal por falla en los sistemas de despacho electrónico genera costos de almacenaje portuario a partir del tercer día de estadía libre, a tasas que pueden superar los USD 100 diarios por contenedor dependiendo del terminal y del tipo de carga. Si el contenedor pertenece al importador con fecha de vencimiento de devolución al operador naviero, la demora genera también detention sobre el equipo. Si el importador esperaba esa carga para iniciar un proceso productivo, la interrupción se traslada a su cadena de suministro interna. Si el exportador perdió la fecha de corte de un buque por demora en el terminal, deberá reprogramar el embarque al siguiente buque disponible, con todo el costo adicional que eso implica y con el riesgo de llegar tarde al mercado de destino en temporadas de alta demanda.

Para la fruta fresca, la pérdida de una ventana logística puede significar no solo el sobrecosto del trasbordo o la reprogramación, sino la pérdida de la condición del producto durante los días adicionales de espera, convirtiendo una carga exportable en una pérdida total.

Medidas preventivas y resiliencia: lo que pueden hacer los operadores

La experiencia de sistemas energéticos que han atravesado episodios de estrechez en otros países indica que la resiliencia de la cadena logística depende en parte del sistema energético y en parte de las decisiones de los propios operadores. Los terminales portuarios, depósitos extraportuarios, frigoríficos, centros de distribución y operadores de cadena de frío que cuentan con grupos electrógenos de respaldo, sistemas de alimentación interrumpida (UPS) y protocolos de continuidad operacional activables en tiempo real están en mejores condiciones de absorber una restricción eléctrica sin que sus operaciones se interrumpan completamente.

La digitalización documental también actúa como factor de resiliencia: las operaciones que dependen de documentación en papel son más vulnerables que aquellas que han avanzado hacia la tramitación electrónica con respaldo en la nube, porque pueden recuperarse más rápidamente una vez restablecida la conectividad. En ese sentido, la modernización aduanera y logística de los últimos años aporta una capa de resiliencia que no existía en episodios similares de décadas anteriores.

La coordinación entre actores públicos y privados es también un factor determinante. El Servicio Nacional de Aduanas, los terminales portuarios, los operadores de depósito y los agentes de aduana deben tener canales de comunicación activos para gestionar contingencias de manera coordinada, priorizando la salida de la carga más sensible —perecederos, medicamentos, insumos críticos— y optimizando el uso de la capacidad operativa disponible durante eventuales restricciones.

El agente de aduana desempeña en estos escenarios un papel especialmente relevante como coordinador de la operación: su conocimiento de la normativa, de los tiempos de despacho y de los actores de la cadena le permite anticipar contingencias documentales, reprogramar operaciones con la menor fricción posible y asesorar a importadores y exportadores sobre las opciones disponibles frente a retrasos imprevistos. Esa función preventiva y de gestión de riesgo adquiere un valor adicional en escenarios de mayor complejidad operacional.

El contexto de largo plazo: seguridad energética como condición de competitividad

La estrechez eléctrica de julio de 2026 no es un evento aislado. Analistas del sector han advertido que Chile enfrenta una condición recurrente: cada invierno en que confluyen factores adversos, el sistema llega al mismo debate sobre márgenes de seguridad insuficientes, respaldo térmico dependiente de combustibles con logística vulnerable y la pregunta de si las inversiones en transmisión y generación avanzan al ritmo que la demanda exige. Daniel Salazar, socio director de energiE, señaló al Diario Financiero que lo preocupante no es un invierno puntual, sino que el sistema llega a esta misma conversación casi todos los años, y que cada vez que se aprieta la respuesta sea recurrir al diésel en lugar del gas natural disponible, que sufre de restricciones regulatorias que limitan su aporte.

Para el comercio exterior chileno, cuyo volumen supera los USD 170.000 millones anuales en suma de importaciones y exportaciones según datos del Banco Central, la seguridad energética no es un tema sectorial: es una condición de base para la competitividad internacional del país. Los socios comerciales, los operadores navieros y los clientes internacionales de los exportadores chilenos evalúan la confiabilidad de Chile como plataforma logística también por la estabilidad de su infraestructura crítica. Un episodio de racionamiento que afecte puertos o aeropuertos de carga tiene consecuencias que van más allá del impacto inmediato: instala una percepción de riesgo que puede influir sobre las decisiones de ruteo de navieras, la localización de centros de distribución regionales y el atractivo de Chile como plataforma de comercio para empresas con presencia en América del Sur.

Fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico frente a episodios de estrechez, y desarrollar planes de continuidad operacional robustos en toda la cadena logística del comercio exterior, no son acciones defensivas: son inversiones en la competitividad de largo plazo de un país cuyo crecimiento depende de su capacidad de inserción eficiente en los mercados internacionales.

Desde la Cámara Aduanera de Chile A.G. seguimos la evolución de esta situación con atención, y llamamos a todos los actores de la cadena logística —terminales, depósitos, operadores de frío, agentes de aduana, importadores y exportadores— a revisar sus planes de continuidad operacional y a coordinar con anticipación ante lo informado por el CEN.

Fuentes: Coordinador Eléctrico Nacional (CEN), Estudio de Seguridad de Abastecimiento julio 2026 y Estudio Complementario; Decreto Supremo N°97/2008, Reglamento de Seguridad de Abastecimiento; Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), hecho esencial julio 2026; Diario Financiero, «Falta de lluvias y centrales fuera de servicio», 2 julio 2026; Diario Financiero, «Energía busca agotar medidas antes del decreto preventivo», 7 julio 2026; Diario Financiero, «Generadoras realizan reunión extraordinaria», 8 julio 2026; Diario Financiero, «Sube la alerta por estrechez del sistema eléctrico», 10 julio 2026; La Tercera / Pulso, «Coordinador Eléctrico advierte déficit de abastecimiento energético», julio 2026; BioBioChile, «Coordinador advierte posible déficit de abastecimiento», 9 julio 2026; Ministerio de Energía de Chile; Comisión Nacional de Energía (CNE); Banco Central de Chile, estadísticas de comercio exterior; Reporte Minero, «Coordinador Eléctrico identifica escenarios de mayor exigencia operacional», julio 2026.

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