Análisis sobre las implicancias económicas de la transición política venezolana en el comercio exterior latinoamericano
Cámara Aduanera de Chile – Enero 2026
La reciente captura de Nicolás Maduro y la intervención de Estados Unidos en Venezuela han generado un escenario de incertidumbre política en la región. Sin embargo, más allá de las consideraciones geopolíticas inmediatas, esta coyuntura abre interrogantes fundamentales sobre el impacto económico que tendrá la eventual normalización venezolana en el comercio internacional, particularmente para Chile y América Latina.
En el análisis del comercio exterior, conviene evitar lecturas emocionales o ideológicas. Los mercados no reaccionan a consignas políticas sino a reglas claras, expectativas de estabilidad y capacidad productiva real. Desde esta perspectiva, la caída del régimen chavista debe entenderse menos como un hecho político aislado y más como la posible reapertura de un actor económico que estuvo artificialmente excluido del sistema global durante más de una década.
El contexto: de potencia regional a anomalía económica
Venezuela representa el caso más emblemático de cómo la inestabilidad política puede destruir valor económico incluso cuando abundan los recursos naturales. Con una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, el país produce actualmente apenas una fracción de su potencial histórico. Fue durante décadas la tercera economía de Sudamérica, pero el colapso institucional provocó un éxodo de más de 8 millones de personas y la virtual desconexión del país del sistema comercial internacional.
Este proceso de deterioro no solo afectó a Venezuela, sino que generó externalidades negativas para toda la región: rutas comerciales interrumpidas, mercados de exportación perdidos, flujos migratorios masivos y distorsiones en los mercados energéticos del Caribe y Atlántico.
Tres dimensiones de impacto estructural
1. El mercado petrolero: de la volatilidad a la previsibilidad
Los especialistas coinciden en que el impacto sobre el precio internacional del petróleo no será inmediato ni espectacular. Como explicó Juan Acosta, docente de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, el crudo venezolano es predominantemente pesado y ácido, requiriendo procesos de refinación más complejos y costosos. Además, las sanciones internacionales y años de desinversión han dejado a la industria petrolera venezolana prácticamente inoperante.
«Las sanciones internacionales y el copamiento de PDVSA hacen que la industria petrolera venezolana requiera de una fuerte inversión para que vuelva a ser rentable», señaló Acosta a medios peruanos.
Sin embargo, el efecto más relevante sería la reducción del riesgo político y la prima geopolítica asociada al crudo del Caribe. En un horizonte de 12 a 36 meses, si efectivamente se concretan inversiones y se normaliza la producción, podría observarse una presión moderadamente bajista o al menos un efecto estabilizador sobre los precios internacionales.
Lo importante no es la expectativa de petróleo barato de un día para otro, sino la perspectiva de menos volatilidad y mayor racionalidad en la formación de precios dentro del delicado equilibrio de la OPEP.
2. Logística marítima: cuando baja el riesgo, bajan los costos
Existe un aspecto poco visible pero fundamental del comercio internacional: el costo del riesgo. Actualmente, buena parte del petróleo venezolano que logra comercializarse lo hace a través de canales opacos, con buques que operan con sobrecostos significativos, seguros extremadamente caros y financiamiento restringido.
Un cambio político que derive en normalización institucional reduciría automáticamente esta fricción. No por cuestiones ideológicas, sino por pura lógica de mercado. La normalización implicaría mayor uso de flota regular, menores primas de seguros marítimos y eliminación de triangulaciones innecesarias.
Para Chile, cuyos flujos comerciales dependen críticamente del transporte marítimo, este factor resulta particularmente relevante. Aunque las rutas directas entre Chile y Venezuela no son las más importantes en nuestro comercio exterior, la reducción de costos y riesgos en el Caribe y el Atlántico genera un efecto desinflacionario estructural que beneficia a toda la logística internacional de la región.
En términos prácticos, bajar el riesgo percibido en una zona de tránsito marítimo suele ser más eficaz para reducir costos que cualquier subsidio directo al transporte.
3. Venezuela como mercado: oportunidades comerciales para la región
Quizás el punto más relevante, y paradójicamente menos analizado en la discusión pública, es que Venezuela dejaría de ser únicamente una noticia geopolítica para volver a convertirse en lo que siempre debió ser: un mercado.
Con acceso normalizado al sistema financiero internacional, estabilidad macroeconómica mínima y un proceso de reconstrucción económica, Venezuela necesariamente volverá a importar productos que hoy no puede adquirir: alimentos, bienes industriales, maquinaria y bienes de capital.
Este proceso no será inmediato, pero las inversiones en el sector petrolero, sumadas a una eventual recuperación de la actividad económica general, motivarán un incremento sostenido de la demanda de importaciones.
Para América Latina, Venezuela no representa un mercado nuevo por descubrir, sino un mercado natural que quedó artificialmente en pausa. Países como Argentina, Brasil, Colombia y Chile tienen ventajas competitivas claras en sectores específicos: alimentos procesados, productos agrícolas, manufacturas industriales y servicios.
Históricamente, Venezuela fue un socio comercial relevante para varios países de la región. Para Argentina, llegó a ser su tercer mercado de exportación en ciertos períodos. Para Chile, aunque nunca fue un destino prioritario, representó un mercado constante para productos del sector alimentario, vitivinícola y algunas manufacturas.
Implicancias específicas para Chile
Para la economía chilena, los efectos de una eventual normalización venezolana serían principalmente indirectos pero estructuralmente positivos.
En el corto plazo, el aumento de la incertidumbre geopolítica tiende a fortalecer al dólar como activo refugio. Ralphi Jauregui, también docente de la UPC, explicó que «ante un aumento de la incertidumbre, se incrementa la aversión al riesgo y se revisan portafolios, priorizando activos considerados más seguros». Sin embargo, este efecto suele ser transitorio y no altera los fundamentos del tipo de cambio.
En el mediano plazo, Chile podría beneficiarse de varios factores:
- Menor volatilidad en los precios internacionales del petróleo, lo que favorece la planificación económica y reduce presiones inflacionarias importadas.
- Reducción de costos en fletes y seguros marítimos para rutas que transitan por el Caribe y Atlántico, beneficiando indirectamente nuestro comercio con Europa y la costa este de América.
- Oportunidades de exportación en sectores donde Chile tiene ventajas competitivas consolidadas: alimentos procesados, vinos, salmón, frutas, productos forestales y algunos servicios especializados.
- Menor presión migratoria regional, en la medida que ciudadanos venezolanos residentes en Chile y otros países evalúen la posibilidad de retornar. Según encuestas recientes, más del 55% de los migrantes venezolanos en Perú manifestaron su deseo de regresar si las condiciones lo permiten.
Una transición gradual, no un shock
Es fundamental enfatizar que ninguno de estos efectos será inmediato. Como señalan los analistas especializados, la caída de un régimen no genera comercio por sí sola: solo crea la posibilidad de que el comercio vuelva a existir.
El impacto real dependerá críticamente de las políticas que se implementen durante la transición: marco regulatorio, seguridad jurídica para las inversiones, estabilidad macroeconómica, reconstrucción institucional y capacidad de atraer capital extranjero para rehabilitar la infraestructura productiva, especialmente en el sector petrolero.
En comercio exterior, los países no desaparecen: quedan temporalmente fuera del sistema. Y cuando regresan, el impacto no es ideológico ni simbólico, sino estrictamente económico.
El sector aduanero y comercio exterior
Para los profesionales del comercio exterior y el sector aduanero chileno, este proceso implica estar atentos a:
- Monitoreo de regulaciones: La eventual normalización de Venezuela implicará cambios en regímenes sancionatorios, listas de países restringidos y protocolos de cumplimiento.
- Oportunidades comerciales: Empresas exportadoras deberían comenzar a evaluar el mercado venezolano como un destino potencial en el horizonte de 18-24 meses.
- Logística y rutas: Posibles ajustes en costos de fletes y seguros que podrían beneficiar operaciones comerciales con Europa y Norteamérica.
- Gestión de riesgos: Aunque la normalización ofrezca oportunidades, Venezuela seguirá siendo un mercado complejo que requerirá análisis cuidadoso de riesgos comerciales, financieros y políticos.
La historia económica muestra que las transiciones políticas pueden abrir ventanas de oportunidad comercial, pero solo para quienes las anticipan y se preparan adecuadamente. Venezuela tiene la oportunidad de dejar de ser una anomalía y volver a ocupar el lugar que le corresponde en el comercio regional y global.
El desenlace final, como siempre en economía, dependerá menos del cambio político en sí mismo y más de lo que se haga después de ese cambio.
Este análisis se basa en información de fuentes especializadas en comercio internacional y declaraciones de expertos en economía regional. La Cámara Aduanera de Chile continuará monitoreando estos desarrollos y sus implicancias para el sector.