La escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel ha abierto una nueva fase de inestabilidad en Oriente Medio y ha situado al estrecho de Ormuz en el centro de la crisis energética y geopolítica global. Desde finales de febrero de 2026, el conflicto ha generado ataques militares, interrupciones en rutas comerciales y una creciente preocupación por la seguridad del suministro mundial de petróleo.
Las hostilidades comenzaron el 28 de febrero, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron una serie de ataques contra instalaciones militares y estratégicas en territorio iraní. Los bombardeos formaron parte de una operación destinada a debilitar la infraestructura militar de Irán, incluidos centros de mando, sistemas de defensa y bases vinculadas al desarrollo de misiles y drones.
La respuesta de Teherán fue inmediata. En cuestión de horas, Irán inició operaciones de represalia en distintos puntos del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Los ataques incluyeron el lanzamiento de misiles y drones contra objetivos militares, infraestructuras energéticas y rutas marítimas utilizadas por buques comerciales.
Uno de los focos principales de la tensión es el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estrecho pero de enorme importancia estratégica. Aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa a nivel global atraviesa diariamente este corredor que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Debido a esta posición estratégica, cualquier alteración en su funcionamiento tiene consecuencias inmediatas para los mercados energéticos internacionales.
En este contexto, la Guardia Revolucionaria iraní anunció haber atacado un petrolero estadounidense en el norte del Golfo Pérsico. Según el comunicado difundido por las autoridades iraníes, el buque fue alcanzado por fuerzas navales iraníes y habría quedado en llamas. Sin embargo, la información no ha sido confirmada de manera independiente por organismos internacionales ni por autoridades marítimas occidentales.
Más allá de este episodio concreto, el transporte marítimo en la región se ha visto gravemente afectado. Diversas compañías navieras han suspendido sus operaciones en el estrecho o han optado por desviar sus barcos hacia rutas más largas y costosas. Informes del sector energético indican que el tráfico de petroleros en la zona ha caído cerca de un noventa por ciento desde el inicio de las hostilidades.
La paralización parcial del tránsito marítimo ha provocado una acumulación de buques en las aguas del Golfo Pérsico. Decenas de petroleros y cargueros permanecen fondeados a la espera de que la situación de seguridad mejore, mientras que otros intentan cruzar el estrecho con los sistemas de rastreo desactivados para reducir el riesgo de ser identificados.
A la vez, se han reportado ataques contra embarcaciones comerciales y puertos de la región. En algunos casos se han utilizado drones explosivos o proyectiles lanzados desde posiciones costeras. Estos incidentes han causado daños a varios barcos y víctimas entre tripulaciones, lo que ha elevado el nivel de alerta en las rutas marítimas del Golfo.
Las consecuencias económicas de la crisis no se han hecho esperar. La interrupción del flujo normal de petróleo y gas natural licuado ha provocado un aumento significativo de los precios internacionales de la energía. Los mercados financieros han reaccionado con volatilidad ante el riesgo de que el conflicto se prolongue o se amplíe a otros países de la región.
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha señalado que está dispuesto a desplegar escoltas navales para proteger el tránsito de buques comerciales. La medida busca evitar un bloqueo completo del estrecho y garantizar el flujo de energía hacia los mercados internacionales. Sin embargo, esta posibilidad también aumenta el riesgo de enfrentamientos directos entre fuerzas navales.
Los analistas consideran que el estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal instrumento de presión estratégica de Irán. Controlar o amenazar esta ruta permite a Teherán influir en los mercados energéticos y elevar el costo económico de cualquier confrontación militar.
La situación sigue evolucionando rápidamente y la incertidumbre domina el escenario internacional. Si el conflicto continúa escalando, el impacto podría extenderse más allá de Oriente Medio, afectando a la seguridad energética, al comercio global y a la estabilidad de los mercados.
Por ahora, el estrecho de Ormuz permanece como uno de los puntos más sensibles del planeta, donde las decisiones militares y políticas de las próximas semanas podrían definir no solo el curso de la guerra, sino también el equilibrio energético del mundo.