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CHINA Y EUROPA RECHAZAN BLOQUEO DE TRUMP EN ORMUZ

por | Abr 14, 2026 | Aéreo, Internacional, Marítimo, Nacional, Novedades, Terrestre

El estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, atraviesa una de las crisis más complejas de las últimas décadas. La reciente decisión del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, de avanzar hacia un bloqueo naval en la zona ha generado una fuerte reacción internacional y encendió alertas en los mercados energéticos y en el comercio global.

Por este corredor transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume a nivel mundial. Su eventual interrupción no solo afecta a los países productores del Golfo Pérsico, sino que impacta directamente en las economías industrializadas y emergentes que dependen del suministro constante de energía.

La propuesta de bloqueo ha sido recibida con escepticismo y rechazo por parte de actores clave. China manifestó una oposición frontal, calificando la medida como peligrosa e injustificada, al considerar que pone en riesgo la estabilidad del comercio internacional. Europa, por su parte, optó por desmarcarse de cualquier apoyo militar a la iniciativa, privilegiando mecanismos diplomáticos y evitando involucrarse en una escalada que podría derivar en un conflicto de mayor alcance.

Este desacople entre aliados occidentales refleja una fractura en la forma de abordar la crisis. Mientras Estados Unidos busca presionar a Irán mediante el control del flujo marítimo, otros actores relevantes consideran que una intervención de este tipo podría generar consecuencias económicas y políticas difíciles de contener.

En paralelo, el impacto sobre la producción de petróleo ha sido significativo. Durante el último mes, los países miembros de la OPEP registraron una caída cercana a los 7,8 millones de barriles diarios, una reducción que no tiene precedentes recientes. Este descenso responde tanto a daños en infraestructura energética como a las dificultades logísticas para exportar crudo en un entorno marcado por la inseguridad marítima.

La contracción de la oferta ha tenido efectos inmediatos en los precios. El barril de petróleo superó la barrera de los 100 dólares y ha mostrado episodios de alta volatilidad. Este escenario incrementa la presión inflacionaria a nivel global, especialmente en economías que aún enfrentan procesos de ajuste tras ciclos de desaceleración.

En nuestro país, en la tarde del miércoles, la Enap informará cuáles van a ser los cambios en los precios de las gasolinas para las próximas tres semanas, donde las proyecciones apuntan a una profundización del denominado “bencinazo”.

Los cálculos de Clapes UC revelan que en el caso de las gasolinas, el alza sería de 36,5 pesos por litro ($/lt), mientras que en el diésel prevén un incremento mayor, de alrededor de 63$/lt.

El comercio exterior también se ha visto afectado. La reducción del tránsito marítimo en el estrecho ha generado cuellos de botella en las rutas que conectan Asia con Europa. Las navieras enfrentan mayores costos por concepto de seguros y desvíos, lo que se traduce en un encarecimiento del transporte de mercancías y en retrasos en las cadenas de suministro.

A este panorama se suma la persistencia de tensiones en Medio Oriente, particularmente en la relación entre Líbano e Israel. Aunque existen esfuerzos diplomáticos en curso, el escenario sigue siendo frágil y con potencial de escalada. La interacción entre estos conflictos aumenta la incertidumbre y complejiza cualquier intento de estabilización.

Desde una perspectiva estratégica, la crisis del estrecho de Ormuz plantea riesgos sistémicos. La combinación de factores geopolíticos, energéticos y comerciales configura un escenario de alta vulnerabilidad para la economía global. La evolución de los acontecimientos dependerá en gran medida de la capacidad de los actores involucrados para contener la escalada y avanzar hacia soluciones negociadas.

En el corto plazo, el mercado energético continuará expuesto a fluctuaciones, mientras que el comercio internacional deberá adaptarse a condiciones más inciertas y costosas. En este contexto, la coordinación internacional y el fortalecimiento de mecanismos diplomáticos aparecen como elementos clave para evitar una crisis de mayor magnitud.

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